Jueves, 23 de enero de 2014

Un hombre con una escopeta junto a una ventana, un parque de caravanas entre la lluvia, una isla que debería ejercer como frontera con el pasado pero que no consigue su propósito, una mujer dentro de un coche en mitad de una tormenta, decidiendo si regresar a casa, un chico que se desliza en la noche y se alista para no volver atrás ni dejar rastro, los primeros amores, el humo en una granja y el humo en unas torres de cristal tras el choque de dos aviones, una vieja medalla al valor y un cementerio donde se une el pasado con el presente.

Graham Swift mezcla tiempos y espacios en Ojalá estuvieras aquí, la espera de un hombre y una mujer por el siguiente paso a dar. Jack espera el regreso de su mujer con una escopeta, sin saber qué hacer con ella, contra qué o quién dirigirla, que mezcla imágenes de su adolescencia en una granja y los primeros pasos de su amor por Ellie con reflexiones sobre la locura, el paso del tiempo, la vida que uno espera y la vida que uno obtiene, la huida de un hermano que desaparece. Ellie sale de la casa tras la discusión con Jack. Se sube a su coche y desaparece en la tormenta. Observa la isla donde viven, recuerda los momentos donde Jack y ella aprovechaban la ausencia de su padre para hacer el amor, cada vez más valientes, cada vez más curiosos, la muerte del hermano, el parque de caravanas como nuevo inicio.

Ojalá estuvieras aquí tiene una cadencia pausada, reflexiva, se desenrolla con lentitud, a trompicones. Los recuerdos de Jack orbitan alrededor de la muerte, su madre, el ganado que deben sacrificar en la granja por el mal de las vacas locas, su hermano militar que desaparece una noche para tomar distancia con su familia y muere en combate. el humo que consume el ganado y el humo que consume las torres gemelas tras el ataque aéreo. Y Jack, con una escopeta a su lado, pensando en todas las ausencias que le rodean, en una granja lejana y una postal escrita a una chica que extraña, preguntándose si merece la pena seguir, si no le ha llegado la locura que obligó a sacrificar su ganado.

Me gusta esta novela de Swift por su tono triste y pausado, por la extrañeza de la muerte y la reflexión sobre la seguridad en nuestras vidas, por las imagen de la lluvia en un parque de caravanas, una postal con letra adolescente, un funeral que sirve para enterrar el pasado y una tarde donde cabe una vida entera.




Ellie se acordaría -aunque no había estado allí- de aquellas semanas en Brigwell Bay: una semana en julio, dos años seguidos. Se acordaría de él hablando de ello después, hablando como una cotorra, y no era la forma habitual de hablar de Jack. Tendría trece o catorce años, y Ellie también. No fue mucho antes de que se largara su madre.
Ellie no había estado allí. «Envíame una postal, Jack.» Y él lo había hecho: saludos desde Brigwell Bay. «Señorita Eleanor Merrick, Granja Wescott, Marleston». Sabe Dios si ella la había conservado. O las había conservado, porque el segundo año envió otra.
Lo mismo están aquí ahora aquellas postales. En La Atalaya, en algún almacén secreto de Ellie. A lo mejor están en el fondo de un cajón aquí mismo, en el dormitorio. Aquéllas bien podían ser las primeras postales que Jack había enviado en su vida. Y la primera de ellas le habría supuesto una complicación seria de no ser porque su madre le había ayudado: después de pensarlo un poco le sugirió que escribiera «Ojalá estuvieras aquí». Y él lo hizo. No sabía que aquél era el menos original de los mensajes. Lo había escrito él, y lo había deseado. Incluso había imaginado algunas veces, estando allí en Brigwell Bay con Mamá y Tom, que estaban sólo Ellie y él: sólo él y ella en la caravana. Era un pensamiento que quemaba.
Graham Swift
Ojalá estuvieras aquí (traducción de Amelia Pérez. Galaxia Gutenberg)


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Publicado por elchicoanalogo @ 6:59  | Libros...
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