Jueves, 20 de febrero de 2014

Me dice que está releyendo El bosque animado, que está dividido en estancias y que algunas de ellas son pequeñas fábulas protagonizadas por gatos, árboles o murciélagos que avisan de la llegada de la noche, que la estancia xiii le recuerda a mí, la luz de una luciérnaga entre caminos de polvo y bosques.

Termino El bosque animado y siento que hay algo que me conecta con él, que no me es desconocido, las chozas entre los árboles, los pazos de piedra, los pequeños montes, el rumor de los árboles, las truchas en los ríos, el tenue fulgor de las luciérnagas, las romerías y las historias de aparecidos y la santa campaña.

En aquel tiempo, un fotógrafo en motocicleta, los bailes y celebraciones de la Ribeira de Piquín, muchachos en traje negro y camisa blanca y muchachas con faldas largas y chaquetas de lana, los gestos despreocupados, el primer cigarrillo, la cerveza fría, el movimiento detenido de un paso de baile, las miradas cruzadas, un ataúd blanco en un camino negro, un taller de carpintero bajo un hórreo, las aprendices de costurera y los aprendices de carpintero.

Aquel tiempo es mío.


Tags: ribeira de piquín, Elena Sagredo, Susana Seivane, El bosque animado, Fernández Flórez

Publicado por elchicoanalogo @ 6:00  | (treinta segundos)
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