Lunes, 10 de marzo de 2014

Ya está: Cerdeña se ha acabado. He dormido catorce horas, y ahora me ha despertado el ruido del primer tranvía matutino que circula sobre el mundo desierto. De nuevo estoy en mi calma, en mi habitación cuya ventana ha quedado abierta de par en par toda la noche. Y comprendo lo siguiente: que Cerdeña para mí se ha acabado, no la tendré más, que ha pasado para siempre en el tiempo de mi existencia. Me ocurre que pienso en ella como en un acontecimiento ya lejano, una especie de guerra dentro de mí, o un amor, y que no se puede repetir. ¡Ah! nuestro autocar, los recorridos nocturnos, y esas paradas en el mar, esas llegadas y las islas que aparecían al amanecer. Incluso si no se dormía más de cuatro horas cada noche, ha sido una vida mía inolvidable. Como una infancia. Y de mi infancia ya forma parte, de esa nada, de esa fábula... Me acuerdo del hotel de Macomer como del tercer piso en Gorizia con los cristales que tintineaban a cada disparo de cañón. Y las terracotas de la pequeña iglesia de Tempio silban de verdad, ahora, en la misma llanura de tenderetes de cuando yo tenía seis años.
Elio Vittorini
Cerdeña como una infancia (traducción de Atilio Pentimalli. Minúscula)


Tags: Elio Vittorini, Atilio Pentimalli, Minúscula

Comentarios