Lunes, 03 de marzo de 2014

(Encontré Cuatro amigos en una librería de segunda mando. Dentro, la fotografía de una chica que me sirvió de marcapáginas en la lectura) Las primeras páginas de Cuatro amigos tenían un humor salvaje y gamberro, cuatro veinteañeros que inician un viaje como una última gran aventura antes del paso a la madurez. Esperan encontrar días de carretera, improvisar el camino a seguir, no tener un destino fijado, noches de sexo y alcohol, algo que les haga sentir que aún no les ha alcanzado la  responsabilidad de la vida adulta.

Blas un hombre tranquilo y acomplejado por su físico, es un desastre con las mujeres, es el hombre casi, casi liga, casi folla. Claudio no busca relaciones estables, es repartidor, vive en un cuchitril con su perro Sánchez, tiene éxito con las mujeres. Raúl dejó embarazada a su novia, no acaba de encajar bien su nueva vida, esposo y padre de gemelos, añora los días de sexo y libertad. Solo, el narrador, escéptico, inteligente e irónico, acaba de despedirse de su trabajo en el periódico e intenta olvidar a Bárbara, con quien convivió durante 19 meses y veintitrés días. El viaje es una oportunidad para los cuatro amigos de tomar distancia con su vida, consigo mismos, no tener ataduras.

Trueba escribe un relato tragicómico, un viaje iniciático que comienza en un bar y termina en una boda y donde caben la ternura, el romanticismo, la aventura y la comedia gamberra, el tono desenfadado y y la voz reflexiva, los personajes perdidos y la toma de decisiones, la soledad, las frustraciones y la amistad. Recuerdo Cuatro amigos como una lectura bomerán, a veces triste, a veces desternillante.




Mi padre, en una anterior ocasión en que amenacé con abandonar el periódico y buscar algo diferente, me animó y me dijo: «Fracasa cuanto antes porque así tendrás tiempo en la vida para reponerte.» Había cumplido la primera parte del consejo. Escuchaba el ruido del tren en mitad de la furiosa tormenta del verano, el galopar de las ruedas sobre las vías, ese sonido que siempre quiere decir algo muy personal para cada uno que lo escucha. Miré a Claudio y a Blas a mi lado y comprendí, en cierta medida, lo que significaba la amistad. Era una presencia que no evitaba que te sintieras solo, pero hacía el viaje más llevadero.
David Trueba
Cuatro amigos (Quinteto. Anagrama)


Tags: Cuatro amigos, David Trueba, Quinteto, Anagrama

Publicado por elchicoanalogo @ 6:18  | Libros...
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