Lunes, 14 de abril de 2014

Si la hubiese contado, habría invalidado lo que Rachel decía de París. Y habría establecido un nexo más profundo con Marie Futz, ya que su historia también incluía un anillo de boda. Se llamaba Helen Donovan. Y aunque llevaba un anillo nupcial a la vista de todos, ni estaba casada ni se había casado nunca.
Era una ayudante de bibliotecaria en la embajada norteamericana en Londres, pero aún respiraba el aire de Boston. Llevaba en ultramar exactamente seis semanas, tiempo suficiente para enamorarse de ese joven llamado Ted Asher; y estaba tan enamorada y tan lejos del hogar, que accedió a irse a París con él.
Y el único modo en que consiguió reunir el valor para embarcarse en semejante expedición consistió en comprarse un anillo de boda y que todos lo vieran. Su propio sueño idiota parisino había sido contraer sagrado matrimonio. Mientras que el del chico se centraba en un amor fácil, pasajero y sin compromisos.
Ambos habían acabado asustándose mutuamente y separándose con la virtud de Helen aún intacta.
El viejo Futz volvió al compartimento. Harry le había pedido dinero prestado para irse a buscar un café al vagón restaurante.
—Se recuperará —anunció—. Ya casi está sobrio.
—¿Qué ha dicho de mí? —quiso saber Rachel.
—Que no entendía cómo una mujer tan estupenda como usted podía soportar a un merluzo como él —le informó Futz.
Rachel se fue al vagón restaurante a ver a Harry. La verdad es que el vagón aún no había abierto: sólo había hecho una excepción ante la especial emergencia de Harry. Rachel logró entrar tras aducir que era parte fundamental de dicha emergencia.
El viejo Futz estaba en lo cierto: Harry estaba prácticamente sobrio.
—Hola —le saludó Rachel, sentándose a su mesa, frente a él.
Kurt Vonnegut
La cartera del cretino (Traducción de ramón de España. Malpaso)


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