Mi?rcoles, 02 de abril de 2014

Un hombre llamado Sombra y las carreteras de Estados Unidos, los viejos dioses que son como llamas de una vela y sobreviven mientras los seres humanos los recuerden y los nuevos dioses con su voz engreída, los timos y los trucos de magia y los lugares sagrados fuera de las ciudades, los inmigrantes que trajeron consigo sus creencias y sus mitos del viejo mundo a una nueva tierra que poblar, todo lo que nos define y nos conforma y llevamos con nosotros (recuerdos, creencias, leyendas), el sustento que nos da el pasado, una guerra entre dioses por la supervivencia mientras los seres humanos viven ajenos a ella, un coche sobre un lago helado y lo fácil que es que se resquebraje el hielo.

American Gods es un libro sobre viajes, mitos y leyendas, sobre dioses despojados de su razón de ser que buscan sobrevivir de alguna manera en una nueva tierra, sobre nuestras raíces y nuestras creencias atávicas, sobre aquello que creemos (qué convertimos en dioses y a quiénes olvidamos), la pregunta de cómo llegaron los dioses del viejo mundo al nuevo, cómo pasaron de ser el centro de los sacrificios y ofrendas de una tierra a vagabundear por otra timando a seres humanos descreídos, pequeñas sombras a punto de desaparecer.

Sombra sale de la cárcel y ve cómo su mundo desaparece, no tiene dónde regresar, con quién estar. Y es en ese instante, donde nada agarra a Sombra a la vida, cuando conoce a Wednesday, un timador, un embaucador, un hombre que juega con los sueños y deseos de los demás, y se convierte en su chico de los recados. Sombra se adentra en un mundo extraño habitado por viejos dioses que se niegan a desaparecer, por el cuerpo de su mujer muerta que quiere regresar a la vida, por nuevos dioses que viajan en limusina y pretenden desbancar a los viejos. Sombra cumple sus recados, habla con su mujer muerta, tiene extrañas visiones, viaja por carreteras solitarias y conoce algunos santuarios en pueblos desiertos, se instala en una pequeña comunidad de apariencia plácida (un coche en un lago helado a la espera del deshielo)

Neil Gaiman deja por momentos el viaje de Sombra, su aprendizaje, sus trucos de magia, e intercala viejas historias de dioses, digresiones sobre los primeros desembarcos en la nueva tierra, los rituales, los recuerdos y los sacrificios que mantienen vivos a los dioses, hermanos convertidos en esclavos y mujeres que no olvidan dejar un cuenco de leche en la puerta al anochecer. Gaiman se pregunta cómo llegaron los dioses del viejo mundo al nuevo, cómo sobrevivieron, quiénes se quedaron en el camino.

American Gods puede ser un libro de aventuras, un viaje iniciático, una historia de timos, una mezcla de fantasía y terror, la línea difusa entre realidad, leyenda y sueño.




—Cuando la gente vino a América, nos trajeron con ellos. Me trajeron a mi, a Loki, y a Thor, a Anansi y al Dios León, a los leprechauns, a los Cluracans y a las Banshees, a Kubera y a la Madre Nieve, y a Ashtaroth, y también a vosotros. Llegamos aquí en su pensamiento, y echamos raíces. Viajamos con los colonos a las nuevas tierras más allá del océano.
»El país es inmenso. Nuestra gente no tardó en abandonarnos, nos convertimos en un mero recuerdo, en criaturas del Viejo Continente, como si no hubiéramos viajado con ellos hasta el Nuevo Mundo. Nuestros creyentes más devotos pasaron a mejor vida o simplemente dejaron de creer y nos abandonaron a nuestra suerte, aterrados y desposeídos, condenados a vivir de los escasos restos de fe que pudiéramos encontrar aquí y allá. Condenados a apañárnoslas como buenamente pudiéramos.
»Y eso es lo que hemos hecho hasta ahora, ir tirando, siempre al margen, intentando pasar desapercibidos.
»Apenas tenemos influencia, afrontémoslo y admitámoslo de una vez. Nos aprovechamos de ellos, les robamos y así vamos tirando; nos desnudamos, nos prostituimos y bebemos demasiado; ponemos gasolina y robamos, engañamos y existimos en las grietas que hay en los márgenes de la sociedad. Somos viejos dioses en este nuevo mundo sin dioses.
Wednesday hizo una pausa. Miró uno por uno a los que le escuchaban, con la seriedad de un hombre de Estado. Todos le miraban impasibles, sus rostros parecían máscaras completamente inescrutables. Wednesday se aclaró la voz y escupió, con fuerza, en el fuego de la hoguera. Las llamas se avivaron e iluminaron el interior del palacio.
—Ahora, como todos vosotros habréis podido comprobar ya, están apareciendo nuevos dioses en América que se aferran a nuevas formas de fe: dioses de tarjeta de crédito y de autopista, de Internet y del teléfono, de la radio, del hospital y de la televisión, dioses del plástico, de los buscas y del neón. Dioses orgullosos, criaturas necias y gordas, felices de ser tan novedosos y estar adquiriendo tanta importancia.

( … )

No entiendes cómo funciona esto de ser un dios. No es magia; no exactamente. Es más bien un problema de concentración. Tiene que ver con ser tú mismo, o más bien con ser como los que creen en ti esperan que seas. Tienes que ser la esencia concentrada y exagerada de ti mismo. Tienes que convertirte en trueno o en la energía de un caballo a galope tendido o en sabiduría. Recibes toda esa fe, y todas esas plegarias, y se convierten en una especie de certeza, en algo que te permite hacerte más grande, más atractivo, sobrehumano. Te cristalizas. -Se interrumpió un momento-.Y entonces un día se olvidan de ti, dejan de creer en ti, dejan de ofrecerte sacrificios y se olvidan, y cuando te quieres dar cuenta no eres más que un vulgar trilero en la esquina de Broadway con la Cuarenta y Tres.
Neil Gaiman
American Gods (traducción de Mónica Faerna. Roca bolsillo)


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Publicado por elchicoanalogo @ 6:23  | Libros...
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