Viernes, 18 de abril de 2014

Me pregunto por qué la iglesia no canoniza a nadie en vida. Porque si alguien es santo lo habrá sido siempre, pienso yo. Ser santo debería ser algo consustancial a eso que llaman alma. En fin, para mí, Miranda July es una santa en vida. Una santa con cara de susto, no una santa como Santa Gema Galgani, que parece una topmódel.
Hace unos años recibí una llamada a deshoras de mi amigo el realizador Juan Ramón Hernández, acababa de ver una película. Cuando la veas piensa que la he hecho, yo, para ti, dijo. La película era ‘Tú, yo y todos los demás’. Por lo visto, la niña Miranda, mientras escribía, dirigía y protagonizaba esa película, también escribía cuentos.
Cuentos que han bebido el agua bendita de los personajes que habitan el averno de Carver, otro santo. Cuentos perversamente inocentes, maravillosos, historias que podrían pasarle a cualquiera de nuestros vecinos (nunca a nosotros, claro), tan extraordinariamente reales que parecen mentira. Seix Barral los ha publicado en el libro ‘Nadie es más de aquí que tú’.
Me pregunto si un santo en vida se volvería un vanidoso insoportable y no hubiera otra que degradarlo, despojarlo de su aro y su contraluz iridiscente. Y de su palma de mártir (en el caso de July ‘Cámara de oro’ en Cannes), si es que fue saeteado por la crítica.
July dice que eligió no elegir, se le nota, y por eso me gusta. Creo que voy a recortar y plastificar su foto y la voy a colgar con una chincheta al lado de la de Beckett para acordarme de que uno, aunque haga las cosas que le vengan en gana, nunca debe perder la cara de susto. Jamás. Aunque sólo sea para quedar creíble en las estampitas.
Isabel Bono
Llegó la hora de los que no se defienden (en Manual de uso cultural)


Tags: Isabel Bono, Miranda July

Publicado por elchicoanalogo @ 6:29  | Isabel Bono
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