Mi?rcoles, 07 de mayo de 2014

El inicio de la segunda guerra mundial, la llegada del ejército alemán a Francia y la huida de París de sus habitantes, los caminos colapsados de refugiados, coches y carros, los muebles, vajillas y ropas en unos coches, el hambre y el miedo en otros, los pueblos abandonados y el ruido de los aviones que anticipan un bombardeo, el ejército derrotado que se esconde entre los civiles y el ejército victorioso que toma un país, la burguesía que colabora con el invasor y los granjeros que intentan seguir con su vida, los pueblos sin hombres (dos millones de prisioneros en Alemania) y las mujeres que sonríen o se esconden en una habitación o se adaptan a los nuevos tiempos, todas supervivientes en una época extraña.

Irène Némirovsky fue asesinada en Birkenau, sólo pudo completar dos partes de Suite francesa, un fresco sobre la segunda guerra mundial, la ocupación alemana, las diferentes maneras de actuar de la población francesa ante el ejército enemigo, el dolor por la patria derrotada, el miedo de los que intentan sobrevivir, la ausencia que dejaron los prisioneros, las preocupaciones de la burguesía por mantener su estatus y su colaboración con los alemanes.

Tempestad en junio documenta la huida de los franceses del ejército invasor. Némirovsky se centra en pequeños burgueses que quieren poner a salvo su patrimonio, escritores y banqueros que sólo ven chusma a su alrededor, empleados que no tienen la oportunidad de huir y regresan a sus casas, en casas abandonas, caminos colapsados, aldeas que acogen a los refugiados hasta que todos, personas, lugares, forman un todo, los primeros muertos, los heridos que se ocultan en granjas, las escenas cotidianas en la huida (los espejos para afeitarse, las mantas en el suelo para dormir, la búsqueda de alimentos). Está el polvo de los caminos y el miedo a una guerra que parece llegar a oleadas, están los caprichos de los burgueses y la huida que iguala a todos, están las imágenes de un a gran ciudad abandonada y en silencio y el azar de los bombardeos. Tempestad en junio es un inicio directo y cercano.

Dolce se centra en la ocupación alemana de los pueblos franceses, las rencillas entre burgueses y granjeros, la intranquilidad y el sonido de las marchas del ejercito invasor, la sensación de derrota y la pregunta por los hombres del pueblo prisioneros en Alemania, la rapiña en las casas abandonadas y la humillación, la extrañeza de los primeros días que dan paso a una rutina conocida, la vida cotidiana que reaparece cambiada por las nuevas circunstancias, las palabras en francés y alemán, preguntarse por el enemigo que vive en la propia casa y cómo marcha la guerra, si es posible el amor en medio de la barbarie.

Suite francesa me acerca el inicio, la crudeza y el dolor de la segunda guerra mundial como Una mujer en Berlín el final, hay momentos que parecen más un documento sobre la guerra que una novela, otros donde aparece la comedia entre el drama (como luego hizo Levi en La tregua), la vida de un puñado de seres que se ve trastocada por la guerra y que se pregunta cómo actuar, qué hacer, qué lugar ocupar en esos nuevos tiempos. La mirada de Némirovsky es reflexiva, profunda, muestra las debilidades y la supervivencia, la dignidad y la cobardía, la rutina en la guerra.




En silencio y con los faros apagados, los vehículos llegaban uno tras otro llenos a reventar, cargados hasta los topes de maletas y muebles, de cochecitos de niño y jaulas de pájaro, de cajas y cestos de ropa, cada uno con su colchón atado al techo; formaban frágiles andamiajes y parecían avanzar sin ayuda del motor, llevados por su propia inercia a lo largo de las calles en pendiente hasta la plaza. Ahora ya bloqueaban todas las salidas, arrimados unos a otros como peces atrapados en una red; incluso parecía posible cogerlos todos a la vez y arrojarlos a una espantosa orilla. No se oían lloros ni gritos: hasta los niños permanecían callados. Todo estaba tranquilo. De vez en cuando, un rostro se asomaba por una ventanilla y escrutaba el cielo con atención. Un rumor débil y sordo, hecho de respiraciones trabajosas, de suspiros, de palabras intercambiadas a media voz, como si se temiera que llegaran a oídos de un enemigo al acecho, se elevaba de aquella multitud. Algunos intentaban dormir utilizando la maleta como incómoda almohada, movían las doloridas piernas en el estrecho asiento o aplastaban la mejilla contra el frío cristal de una ventanilla. Algunos jóvenes y algunas mujeres se llamaban de un coche a otro, y a veces incluso reían con desenfado. Pero, de pronto, una mancha oscura se deslizaba por el cielo cuajado de estrellas y las risas cesaban; todo el mundo permanecía atento. No era inquietud propiamente dicha, sino una extraña tristeza que tenía poco de humano, porque no comportaba ni valentía ni esperanza. Así es como los animales esperan la muerte. Así es como el pez atrapado en la red ve pasar una y otra vez la sombra del pescador.

( … )

Había demasiados refugiados. Había demasiados rostros cansados, demacrados, sudorosos; demasiados niños llorando, demasiados labios temblorosos que preguntaban: «¿No sabrá usted dónde podríamos encontrar una habitación o una cama?» o «¿Podría usted indicarnos un restaurante, señora?» Era como para desalentar la caridad. Aquella multitud miserable ya no presentaba rasgos humanos; parecía una manada en estampida. Una extraña uniformidad se extendía sobre ellos. La ropa arrugada, los rostros exhaustos, las voces roncas, todo los asemejaba. Todos hacían los mismos gestos, todos decían las mismas frases. Al salir del coche, se tambaleaban como si hubieran bebido y se llevaban la mano a la frente, a las sienes doloridas. «¡Qué viaje, Dios mío!», suspiraban. «Estamos guapos, ¿eh?», ironizaban. «De todas maneras, parece que allí la cosa va mejor», decían señalando un punto invisible en la lejanía.
Irène Némirovsky
Suite francesa (traducción de José Antonio Soriano Marco. Salamandra)


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Publicado por elchicoanalogo @ 6:55  | Libros...
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