Martes, 13 de mayo de 2014

La atracción por el mar y las historias de naufragios y tormentas devastadoras, embarcarse como polizón en un ballenero y los días escondido bajo cubierta, la oscuridad absoluta y el miedo a morir asfixiado, los sueños y pesadillas del encierro y un motín que muestra la crueldad de algunos hombres, la lucha por la supervivencia y el ballenero a la deriva contra galernas y el mar embravecido, un barco fantasmal y vivir las historias soñadas atado a un mástil para no ahogarse en el mar, la búsqueda de islas misteriosas, una expedición al Polo, la blancura del hielo y un final abrupto ante una imagen extraña.

Narración de Arthur Gordon Pym empieza como una novela de aventuras, el sueño de un muchacho por embarcarse y vivir en el mar aquellas aventuras que excitan su mente, y deriva (rumbea) hacia el misterio y el terror. Y entre ese cambio de la aventura al horror, las digresiones sobre barcos, expediciones marítimas, tipos de aves y moluscos. Gordon Pym embarca como polizón en un ballenero dispuesto a encontrar una vida en el mar. Se esconde en la bodega, la oscuridad y el aire viciado, el tiempo que pasa sin distinguir entre día y noche, el miedo a morir ahogado y enterrado en la bodega, el hambre, las visiones extrañas de Gordon Pym y su mente desvariada, los ruidos en cubierta y el sonido del mar (esta parte me recuerda a los cuentos de Poe sobre el miedo a ser enterrado en vida).

La aventura da paso a imágenes extrañas y tensas, un motín en el barco, el asesinato de la mayor parte de la tripulación, los bandos enfrentados de los amotinados, la decisión de hacerse con el barco, los muertos que parecen volver a la vida, el barco que se derrumba poco a poco con las tormentas, Gordon Pym y sus compañeros que intentan sobrevivir atados en cubierta mientras el mar entra en el barco. Hay imágenes poderosas en el inicio de esta narración, los hombres que esperan la muerte, que caen en el canibalismo, que se cruzan con un buque a la deriva y la cubierta llena de cadáveres, la muerte que ronda a Gordon Pym, a los supervivientes del motín.

La segunda parte de la narración se centra en una expedición al Polo Sur. Poe mezcla informes y diarios para hablar de las primeras expediciones al Polo, los mitos y las realidades, los campos blancos de hielo y las islas, el mar abierto y cierta bonanza en el clima. Hay momentos aburridos y densos en la sucesión de latitudes y longitudes. La expedición llega a una tierra inexplorada en el sur habitada por salvajes temerosos de todo lo blanco. El final es abrupto, inesperado, un mar y una cortina blancos en el horizonte, ceniza que cae del cielo, el figura extraña, un final alucinado, abierto, bordear un abismo y sucumbir ante él.

Narración de Arthur Gordon Pym me lleva por momentos a los mejores cuentos de Poe y me aburre en sus digresiones, alterna la aventura con el horror, la crueldad con la supervivencia, tiene momentos intensos e inquietantes y otros donde la historia se adensa y parece detenerse, un libro que va a trompicones. Me quedo con las imágenes de barcos fantasmas, la expedición entre el hielo, la tensión y la inquietud en el encierro en una bodega, el mar como un lugar inhóspito.




Mis conversaciones con Augustus se hicieron cada vez más y más frecuentes, y cada vez tenían para mí mayor interés. Mi amigo relataba sus aventuras marinas (de las cuales creo hoy que buena parte no eran más que invenciones puras) de manera tal que coincidían exactamente con mi temperamento lleno de entusiasmo y mi imaginación exacerbada, aunque un tanto melancólica. Es extraño, en efecto, que mi mayor atracción por la vida de los marinos se derivara de aquello relatos en que Augustus describía terribles momentos de sufrimiento y desesperación. Poco me interesaba el lado brillante de sus relatos. Mis visiones eran siempre de naufragio y hambre, de muerte o cautiverio entre pueblos bárbaros, de toda una vida transcurrida entre penas y lágrimas en algún islote gris y desolado, perdido en un océano infranqueable y desconocido. Semejantes visiones y deseos -pues llegaban a ser deseos- son propios, según me han asegurado, de esa numerosa especie humana constituida por los melancólicos; pero en la época de que hablo sólo los consideraba atisbos proféticos de un destino que en cierta medida me sentía obligado a cumplir.
Edgar Allan Poe
Narración de Arthur Gordon Pym (traducción de Julio Cortázar. Alianza editorial)


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Publicado por elchicoanalogo @ 6:01  | Libros...
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