Viernes, 13 de junio de 2014

Desayuno de campeones es un viaje y un encuentro entre dos hombres, es la locura, la sorna y las reflexiones de Vonnegut sobre la patria, el ser humano, las religiones, la guerra, el racismo, la creación, la sensación de que nada puede parar el desastre al que nos dirigimos, la voz de Vonnegut que pone en solfa nuestras creencias, que se divide entre escritor y personaje, que mezcla ternura con ironía, que dibuja banderas, bombachas, anos y parece que le está contando a un grupo de  niños nuestras debilidades, es un escritor que quiere quitarse de encima todo lo que tiene en la cabeza al llegar a los cincuenta años y mezcla tiempos y realidades hasta que confluyen en un punto.

Etcétera.

***

Hay algo en Vonnegut que me atrapa, su sentido del humor, su forma de ver la vida, su forma de escribir donde parece que no hay un centro, que todo está desordenado, las escenas surrealistas y los personajes que pasan de un libro a otro. Vonnegut pasó por el suicidio de su madre, sobrevivió al bombardeo de Dresde y mira al ser humano con una distancia socarrona, la sorpresa por las acciones que nos definen y nuestra estupidez, la sensación de que la vida podría ser más amable. En Desayuno de campeones conviven escritores de ciencia ficción con vendedores de automóviles, hombres que se travisten los fines de semana con dueños de cines porno, ex convictos que creen en la tierra de las hadas con ricos con robots y el Creador del Universo, pintores de un solo cuadro y el propio Vonnegut que mira a sus personajes desde una mesa y decide su pasado y su futuro, les salva o les condena, se presenta ante ellos y les pregunta por su mayor deseo.

En el piano bar, atisbando a través de mis goteras un mundo de mi propia creación, articulé la palabra esquizofrenia.
El sonido y la apariencia de esa palabra me habían fascinado durante años. Tenía el sonido y la apariencia de un ser humano estornudando en una tormenta de copos de jabón.
No sabía con certeza si tenía esa enfermedad, y no lo sé ahora. Pero sabía y sé esto: lo estaba pasando pésimo por no concentrarme en detalles de la vida que tenían importancia inmediata, y por negarme a creer lo que creían mis vecinos.

***

Desayuno de campeones es el encuentro entre Kilgore Trout y Dwayne Hoover y, entre medias, las explicaciones de Vonnegut sobre las creencias y las costumbres del ser humano con pequeñas definiciones y dibujos, los argumentos de disparatadas novelas de ciencia ficción, la mejor de ellas, la humanidad es, en realidad, una masa de robots inventada por Creador del Universo para poner a prueba al único ser humano real. Trout aún no es famoso, vive en un cuchitril, viaje en un par de  camiones a una feria del arte, Hoover está al límite de la locura, vende coches y un libro de Trout que habla de robots por seres humanos le hace asumir otra realidad.

***

Vonnegut ataca la estupidez humana con un humor despiadado, escribe Desayuno de campeones como una mezcla entre novela y enciclopedia para tontos, no hay una forma estable sino un caos de personajes, historias y reflexiones y etcétera.




Al acercarme a mis cincuenta años, yo estaba cada vez más enfurecido y confundido por las decisiones imbéciles que tomaban mis compatriotas. Y de pronto llegué a compadecerme de ellos, pues entendí cuán inocente y natural era que se portaran de modo tan abominable, y con resultados tan abominables: hacían todo lo posible por vivir como la gente inventada por los libros de narrativa. Por eso los americanos se baleaban con frecuencia: era un cómodo recurso literario para poner fin a los cuentos y los libros.
¿Por qué el gobierno trataba a tantos americanos como si sus vidas fueran tan desechables como un pañuelo de papel? Porque así era como los autores solían tratar a los actores secundarios en sus historias inventadas.
Etcétera.
Una vez que comprendí el motivo por el que Estados Unidos se estaba transformando en un país tan peligroso e infeliz de gente que no tenía nada que ver con la vida real, decidí evitar la narración de historias. Escribiría sobre la vida. Cada persona sería tan importante como las demás. Todos los hechos tendrían el mismo peso. Nada sería excluido. Que los demás pusieran orden en el caos. Yo pondría caos en el orden, y creo que lo he logrado.
Si todos los escritores hicieran eso, quizá los ciudadanos que no se dedican a la literatura comprenderían que no hay orden en el mundo que nos rodea, sino que en cambio debemos adaptarnos a los requerimientos del caos.
Es difícil adaptarse al caos, pero es posible. Soy prueba viviente de ello: es posible.

( … )

En cuanto a mí: había llegado a la conclusión de que no había nada sagrado en mí ni en ningún otro ser humano, de que todos éramos máquinas condenadas a colisionar una y otra vez. Por falta de algo mejor que hacer, nos hacíamos fanáticos de las colisiones. A veces yo escribía bien sobre las colisiones, y eso significaba que yo era una máquina de escribir en buen estado. A veces escribía mal, y eso significaba que era una máquina de escribir en mal estado. Yo era tan poco sagrado como un Pontiac, una ratonera o un torno.
Kurt Vonnegut
Desayuno de campeones (traducción de Carlos Gardini. La bestia equilatera)


Tags: Desayuno de campeones, Kurt Vonnegut, Carlos Gardini, La bestia equilatera

Publicado por elchicoanalogo @ 6:51  | Libros...
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios