S?bado, 21 de junio de 2014

a)
Empiezo Diario de K sentado en el suelo de la terraza al atardecer, el sonido apagado del tráfico, las persianas que se abren e iluminan, los gatos callejeros que miran hacia las ventanas. Leo “Me gusta la literatura que se parece a los días laborables” y me ubico en el nuevo libro de Iribarren. Diario de K es observar y escribir, es una mirada, un gesto, un recuerdo, captar una luz, el frío, la lluvia del norte, las vías del tren, la reflexión a veces aguda, a veces socarrona de Iribarren. Me reencuentro con la voz de sus poemas, con los decorados de calles, cafeterías y estaciones y los personajes involuntarios, las miradas derrotadas, la inercia de la vida, el paso del tiempo y el cansancio, los paraguas y el cambio de viento, el recuerdo de amores y faldas recogidas, la soledad y esperar a ver qué ocurre. Diario de K va más allá de los aforismos, tiene continuidad y un humor socarrón y afilado.

Mirar la escena, observar los detalles.

Ver, a lo lejos, desde el tren, una estación abandonada bajo la lluvia, y sentir en el alma ese pequeño entusiasmo de lo afín.


b)
Leo en un autobús camino de Madrid, las capas de nubes grises, los destellos difuminados del sol, la silueta de un avión, la oscuridad y la tristeza. Diario de K me lleva a la mirada de Iribarren, las cafeterías y los hoteles, las calles del norte y los paseos solitarios, las ventanas que se iluminan y parecen contener una vida entera, un secreto extraño, las piernas desnudas y los gestos cotidianos. Iribarren me habla de literatura, de Baroja, Juan Ramón Jiménez y Pla, de estaciones de tren abandonadas, de política vasca, de optimistas y conversaciones captadas al azar. Las frases, pequeñas, contundentes, irónicas, se suceden, la sensación del paso del tiempo.

Me gusta mi pequeña vida de paseante solitario.

En el autobús: «Hazme una perdida». Me giro, y veo que sólo es un asunto de teléfonos móviles. Qué pena, con lo bien que ha sonado.


c)
Termino Diario de K en la estación de tren de Bilbao. Levanto la mirada del libro y hay un momento donde confluyen las palabras de Iribarren y lo que tengo ante mí, la gente que corre tras un tren y parece saber dónde va, los que apoyan todo su peso en un bastón y se anclan a la vida, los gestos fugaces de cariño y las esperas. Iribarren se detiene, mira y escribe aquello que ve, y lo hace de manera directa y desnuda, sin artificios, cruza las reflexiones sobre los ricos y optimistas con los gestos entrevistos por el rabillo del ojo, la tristeza con la ironía. Diario de K me hace pensar en una mirada atenta y el misterio de lo cotidiano.




Me he dado un buen paseo, hace un rato. Como era la hora de comer, y hacía un frío importante, las calles estaban prácticamente desiertas. Y esto no es baladí. A los paseantes urbanos avezados nos da la posibilidad, nada despreciable, de cambiar nuestro itinerario habitual, metiéndonos por calles que -por diversas causas, siempre relacionadas con la gente que las frecuenta- normalmente no cogemos. He vuelto a ver, después de mucho tiempo, jardines y estatuas casi olvidados ya, y a la alegría del reencuentro le ha sucedido la tristeza de la nostalgia, porque uno va para mayor, y no hay rincón que no tenga su pequeña anécdota personal, que no forme parte de alguna forma de la biografía de uno. «La vida es así», me he dicho. Y he regresado, entre el frío y contra él, por el camino de siempre, recuperando poco a poco mi escepticismo, y con una sonrisa.

( … )

Queremos la seguridad del refugio y la aventura de la intemperie. Y que no haya heridos ni muertos. Lo queremos todo. Somos como niños: egoístas y cobardes.

( … )

Aquí, en el norte, solemos recordar más los días de sol en los que al final llueve que los días de lluvia en los que acaba saliendo el sol. Yo diría incluso que hay más días del primer tipo, aunque no disponga de datos ahora mismo que fundamente esta afirmación. En cualquier caso, ambos te remiten a la vida. Los primeros te recuerdan, por ejemplo, lo efímera y frágil que puede ser la felicidad. Los segundos, contradiciendo un poco los anteriores, vendrían a decirnos que nunca hay que perder del todo la esperanza. Estos últimos tienen también otra lectura, la del amor tardío.
Karmelo C. Iribarren
Diario de K. (Renacimiento)


Tags: diario de K, Karmelo C. Iribarren, renacimiento

Publicado por elchicoanalogo @ 9:27  | Libros...
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios