Mi?rcoles, 03 de septiembre de 2014

Una calle en un día de verano, los vecinos que se miran entre sí sorprendidos ante un hecho inesperado, el tiempo que se ralentiza y parece detenerse en un instante de confusión y miedo, la falta de reacción y el cambio en un puñado de vidas, un vuelo libre, una enfermedad terminal, una barbacoa, las ilusiones de unos jóvenes, las mudanzas y qué dejar atrás y qué conservar, las ventanas abiertas desde donde ver una parcela de nuestro mundo, qué sabemos de quienes nos rodean y qué hacemos para acercarnos a los demás, los recuerdos que marcan un cambio y una muerte solitaria y muda.

Si nadie habla de las cosas que importan parece una sucesión de diapositivas. Jon McGregor sitúa la acción en una pequeña calle inglesa en un día concreto de verano y describe personajes y situaciones de manera directa, qué ve y qué hacen sus personajes y un atisbo de las emociones de quien observa. McGregor crea una pequeña comunidad, pasa de una casa a otra, no da nombres a sus personajes, los califica por su aspecto o por el número de su casa, habla de niños que juegan en la calle, de hombres que pintan marcos de ventanas, de una pareja de ancianos que llevan toda una vida juntos, de un estudiante que dibuja la estructura de los edificios, de una mujer de gafas cuadradas a punto de marcharse de su casa y la indecisión ante qué llevar y qué le espera, de un hombre que fotografía la calle, los vecinos, que recoge de la basura pequeños objetos como forma de conservar aquello que olvidamos o dejamos atrás,.

Hay dos tiempos en Si nadie habla de las cosas que importan, el día de verano donde un hecho fortuito e inesperado trastocará la vida de los vecinos de una calle (y ahí McGregor describe escenas cotidianas y se pregunta qué sabemos de nuestros vecinos, si sólo son una colección de gestos), y el presente donde una mujer recuerda aquel día a la vez que intenta ordenar su presente. McGregor juega con la tensión de encubrir el hecho que todo lo cambia a lo largo del libro, describe un día que parece normal en la vida de una comunidad, los pequeños gestos cotidianos, las relaciones entre los vecinos, un muchacho como un semidios que todo lo observa y que guarda la memoria del lugar.

Los personajes miran a través de sus ventanas, se preguntan por sus vecinos, cómo viven, qué secretos esconden, qué significan sus gestos y su forma de actuar, viven en un día que parece plácido y aburrido, huyen de la lluvia o salen a dar pequeños paseos fuera de su mundo, se dedican rápidas frases de saludo, parecen líneas que no acaban por cruzarse. Si nadie habla de las cosas que importan es la mirada fotográfica a un día cualquiera, a veces tenso, a veces aburrido, a veces una pequeña comunión.





Él dice quieres ver otra cosa especial, y señala a los tejados de enfrente, dice da una palmada para tu papá, y cuando ella lo hace, toda la cumbrera de palomas emprende el vuelo al instante y se hincha en grupo como un globo calle abajo, da una vuelta y se posa en otro tejado en perfecta línea recta.
Él dice, ¿las has visto, has visto que no chocan entre ellas, no te parece especial? y ella lo mira y cree que debe asentir así que lo hace.
Él dice sabes en el sitio donde naciste, y no dice allá en casa porque no quiere que piense así, pero es lo que quiere decir, allá en casa donde eran una familia y a donde pertenecían, dice en el sitio donde naciste había bandadas de miles de pájaros, que se reunían al anochecer, y cuando viraban en pleno vuelo el cielo entero se oscurecía como si Alá cerrara las persianas un momento. Y ninguno de esos millares de pájaros chocaba dice, ¿no te parece especial?
Él dice hija mía, y todo el amor que tiene está encerrado en su tono de voz cuando pronuncia esas dos palabras, dice hija mía siempre tienes que mirar con los dos ojos y escuchar con las dos orejas. Dice éste es un mundo muy grande y hay muchas cosas que podrías perderte si no estás atenta. Dice pasan cosas importantes a todas horas, ante nuestras narices, pero tenemos en los ojos como las nubes que tapan el sol y nuestras vidas son más pálidas y pobres si no las vemos por lo que son.
Él dice, si nadie habla de las cosas que importan, ¿cómo pueden llamarse importantes?
La mira y sabe que no lo entiende, no cree que lo recuerde siquiera para entenderlo de mayor. Pero se lo dice de todas formas, es bueno decirlo en voz alta, hay cosas que la gente no piensa y quiere dejarlas en el aire.
Jon McGregor
Si nadie habla de las cosas que importan (traducción de Libertad Aguilera y Gabriel Dols. Salamandra)


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Publicado por elchicoanalogo @ 6:14  | Libros...
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