Martes, 09 de septiembre de 2014

Un mundo feliz, una pequeña comunidad, la llegada de la televisión, los recuerdos lejanos de la segunda guerra mundial y la guerra fría como algo distante, un concurso de un periódico que consiste en adivinar en qué casilla se esconde un hombrecito verde y un hombre que  dedica ocho horas al día a encontrar esa casilla, estar en los años cincuenta y asistir a gestos cotidianos, el trabajo en un supermercado, las visitas nocturnas de los vecinos, las charlas intrascendentes, un niño que encuentra unas revistas en un solar abandonado que dan un vuelco a la realidad y un hombre que teme que su vecino recupere la cordura e intente huir de la pequeña comunidad en la que vive, descubrir que estabas ante unas sombras proyectadas en la pared de una caverna, que lo que vas a leer es un viaje fuera de esa caverna para descubrir qué es real y qué invención.

Tiempo desarticulado contiene los temas recurrentes de Philip K. Dick, el engaño de la realidad, los extraños caminos dentro de nuestra mente, los instantes de locura donde el mundo se presenta tal y como es, el miedo, las dudas y la incertidumbre en los momentos donde no podemos verificar el mundo que nos rodea. Dick me habla del mito de la caverna, las sombras que vemos y las diferentes realidades que no sabemos ver, la realidad y el aprendizaje condicionados, el viaje fuera de la caverna y descubrir otros mundos que estaban ocultos.

El inicio de Tiempo desarticulado es lento, aburrido, escenas cotidianas en un supermercado y conversaciones intrascendentes. Por una vez me sorprende el arranque en un libro de Dick, no están el caos y sentirse desubicado ante un exceso de líneas argumentales y personajes. Hay una pequeña comunidad en los años cincuenta y un concurso en el periódico, las veladas nocturnas entre vecinos y la televisión como un nuevo juguete. Todo ordenado, todo previsible. Hasta que Ragle Grumm, el hombre que dedica su tiempo a descubrir dónde se esconde el hombrecito verde del concurso, ve cómo su realidad se desprende para dejar paso a otra más extraña. Es ahí, el hombre que en un ataque de locura ve la realidad tal cual es, donde realmente empieza Tiempo desarticulado. A partir de ahí, un intento de descubrir esa realidad encubierta, una conspiración gubernamental, un viaje fuera de la comunidad, los tiempos entremezclados, los personajes que deambulan entre el miedo, la duda, el escepticismo y la sorpresa constante.

Tiempo desarticulado me trae un Dick más pausado, menos desmañado, una historia que avanza a trompicones, un viaje en el que se desvanece aquello que teníamos por real y la lucha de un hombre por ajustar lo que creía conocer con la nueva realidad.





-¿No es la filosofía un refugio y un solaz?
-Eso no lo sé. Quizá una vez lo fue. La impresión que tengo de la filosofía tiene que ver con las teorías acerca de la realidad última y cuál es la finalidad de la vida.
Imperturbable, Ragle preguntó:
-¿Qué tiene eso de malo?
-Nada, si crees que eso te ayuda.
-Leí un poco en mis tiempos. Estaba pensando en el obispo de Berkeley. Los idealistas. Por ejemplo... -Señaló el piano en un rincón del salón-. ¿Cómo sabemos que ese piano existe?
-No lo sabemos -contestó Vic.
-Quizá no existe.

( … )

Que no me confunda más, pensó. Estoy lo bastante desconcertado como para que me dure el resto de la vida. ¿Qué sé yo de cierto? Quizá Ragle tiene razón: tendríamos que echar mano de los grandes libros de filosofía y empezar a estudiar duro al obispo Berkeley y a todos los demás... no recordaba lo bastante como para saber siquiera los nombres de los filósofos.
Quizá, pensó, si entrecierro los ojos lo bastante como para captar sólo una línea de luz y me concentro a fondo en el autobús, en las compradoras viejas y pesadas con sus abultadas bolsas y los escolares que parlotean y los empleados que leen el periódico de la tarde y el conductor de cuello rojo, quizá todos ellos desaparezcan. El asiento chirriante sobre el que estoy sentado. Los apestosos humos cada vez que el autobús arranca. Las sacudidas. Los balanceos. Los anuncios en las ventanillas. Quizá todo se desvanezca.
Philip K. Dick
Tiempo desarticulado (traducción de Rubén Masera. Minotauro)


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Publicado por elchicoanalogo @ 6:17  | Libros...
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