S?bado, 04 de octubre de 2014

Son granjeros, se han quedado sin sus tierras por la sequía y las tormentas de polvo, empaquetan sus posesiones en viejos coches, colchones, cacerolas, ropa y viajan hacia el oeste en busca de una nueva oportunidad, conducen por caminos secundarios y ven la desconfianza y el odio en la mirada de los lugareños, acampan junto a arroyos o en campamentos de chabolas y esperan que un dedo les señale para trabajar en la recolección de la cosecha, son tratados como vagabundos cuando no trabajan y como emigrantes en la época de recogida, sus posesiones se degradan y sienten que pierden la dignidad poco a poco, que en el paraíso prometido les esperan casas de cartón, muerte y desconfianza.

Los artículos de Steinbeck se centran en el drama de las familias del medio oeste que emigran a California a causa de la crisis y la sequía, hace un repaso a quiénes son esos vagabundos de la cosecha del título, cómo eran sus vidas antes de la sequía y cómo intentan salir adelante en un medio hostil, describe las diferentes clases de chabolas y asentamientos, los métodos de trabajo, la mafia de las grandes corporaciones agrícolas (banqueros, políticos y medios de comunicación que usan la pobreza en beneficio propio), lo fácil que es aplastar a los pequeños agricultores, la degradación en sus vidas, de intentar conservar la dignidad a no poder levantarse de la tierra, los dos campos de trabajo federales donde se da cobijo a doscientas familias y se crea una pequeña comunidad utópica.

Steinbeck muestra la realidad de una época aciaga y extraña, los efectos de la crisis que alcanza a la clase media, la forma tan fácil de verse involucrado en esas crisis y lo difícil que es salir de ella, repasa las diferentes etapas migratorias en California, los primeros chinos y japoneses, los filipinos y mexicanos que los siguieron, los granjeros blancos. Y en todo ellos, la falta de escrúpulos y la crueldad con las que fueron tratados. Hay momentos donde se pueden trasladar estos artículos a la actual crisis económico, que siguen vigentes los miedos y el avasallamiento de la población, el enriquecimiento de unos pocos con el dolor y la necesidad ajenos.

Hay un artículo especialmente impactante, Steinbeck que se detiene en los poblados de emigrantes, que muestra los diferentes tipos de chabolas y describe a sus habitantes, de los recién llegados que luchan por conservar la dignidad (palabra que se repite a lo largo de los artículos), los que llevan un año de vagabundeo en la recolección de las cosechas y pierden a bebés recién nacidos y construyen sus casas con telas raídas, los que ya no se levantan de un catre de tierra por falta de fuerzas.

Steinbeck recorrió campamentos federales y poblados de chabolas, habló con granjeros reconvertidos en vagabundos, asistió a la degradación y la lucha por la supervivencia de un puñado de familias y trasladó con sencillez y profundidad una época negra en la historia de Estados Unidos. De esos artículos, de esos días en la carretera, nacieron los personajes y los paisajes de Las uvas de la ira, las figuras inolvidables de Tom Joad y Ma Joad.





La sequía del Medio Oeste ha empujado a la población rural de Oklahoma, Nebraska y partes de Kansas y Texas hacia el oeste. Sus tierras están agotadas y ya no pueden regresar a ellas. Miles de agricultores cruzan estados en viejos automóviles renqueantes. Viven en la miseria, tienen hambre y se han quedado sin hogar, dispuestos a aceptar cualquier jornal para poder comer y dar de comer a sus hijos. Y esto es algo nuevo, pus los peones extranjeros legaban aquí sin sus hijos, después de haber dejado atrás todo rastro de su antigua vida.
Estos nuevos vagabundos suelen llegar a California después de haber agotado todos sus recursos para viajar hasta aquí; incluso tienen que vender por el camino viejas mantas, herramientas y utensilios de cocina para pagar la gasolina. Llegan confundidos y derrotados, a menudo casi muertos de hambre, con una única necesidad que cubrir; encontrar trabajo, por el salario que sea, para poder dar de comer a su familia.
Y en California sólo existe un campo que los pueda acoger. Sin derecho a recibir ayudas públicas, se convierten en jornaleros itinerantes.
Como los antiguos braceros mexicanos y filipinos están siendo deportados y repatriados muy rápidamente y, por otra parte, el flujo de refugiados de la Dust Bowl no para de crecer, será de estos nuevos emigrantes de los que nos ocupemos.
Los inmigrantes ya eran braceros en sus países de origen, pero éste no es el caso de los nuevos desplazados. Éstos son pequeños agricultores que han perdido sus granjas o trabajadores del campo que vivían con su familia al viejo estilo americano. Son hombres que trabajaban duro en sus granjas y estaban orgullosos de ser dueños de la tierra y de vivir de ella. Son americanos hábiles e ingeniosos que han vivido el infierno de la sequía y que han visto cómo sus tierras se marchitaban y morían, cómo el viento se las llevaba, y éste, para un hombre que ha sido dueño de sus tierras, es un dolor extraño y terrible.
Ahora se han puesto en marcha para atravesar el país. A menudo han visto cómo sus hijos se les morían por el camino. Cuando el coche se les ha averiado, lo han reparado con el ingenio propio del campesino. Muchas veces han tenido que ir poniendo parches a los neumáticos gastados cada pocas millas. Lo han soportado todo y todavía pueden soportar mucho más, porque son gente de sangre fuerte.
John Steinbeck
Los vagabundos de la cosecha (traducción de Marta Alcaraz. Libros del Asteroide)



Los vagabundos de la cosecha se enriquece con las fotografías de Dorothea Lange de los campamentos californianos y las familias desahuciadas, imágenes en blanco y negro de mujeres envejecidas prematuramente, de poblados de chabolas, de coches cargados de niños y colchones, una radiografía de la puerta de atrás que hay en cada país.


 


Tags: vagabundos de la cosecha, John Steinbeck, Marta Alcaraz, Libros del Asteroide, Dorothea Lange

Publicado por elchicoanalogo @ 6:12  | Libros...
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