Viernes, 10 de octubre de 2014

y qué es lo que vas a decir
voy a decir solamente algo
y qué es lo que vas a hacer
voy a ocultarme en el lenguaje
y por qué
tengo miedo
Alejandra Pizarnik

Escribo porque no sé volar. Porque no sé escapar, de otra manera.
El lenguaje es todo lo que tengo. Lo que me queda, después de tallar cada letra, como quien levanta un muro o se aferra a algo que lo justifique.
Sin embargo, últimamente he aprendido algunas cosas. Por ejemplo, que la distancia es una calle hecha de cuerpos en contra, todos a la vez. Que se puede pastar la belleza bajo árboles de sombra y que de vez en cuando un gato. Que los hijos son los poemas que escriben las madres, pero yo no tengo hijos.
Esta mañana he despertado y me he descubierto cansada de robarme la alegría. Dime, ¿por qué no puedo ser cómo los otros? ¿ Por qué no sé deambular por las noches de luna hiena sin hacerme preguntas, quedarme quieta al borde de mi sueño, como un número más? ¿ Por qué no puedo conformarme?
Venir a este parque o huir es lo mismo cuando se trata de esconderme del árido temblor que me convierte en una víctima de mí misma.
Escribo, decía, mientras, tan pardo, un gorrión incide en mí su mirada. No parece asustado. No es como yo. No es un prisionero. Yo quisiera preguntarle por las mañas de las nubes o por el musgo de las azoteas, pero no basta con decidir algo para llegar a tiempo y le veo irse, desplegando con precisión la perfecta maquinaria de sus alas, batiéndose en el aire, improvisando un cielo como quien fabrica una profecía. Se entremezcla en ráfagas con el viento que construye, pronuncia mi nombre en el dialecto de los desaparecidos. Y pienso en el daño y en la lucha. En los poemas llenos de pájaros. Pizarnik nos ha hecho tanto daño. Bukowski nos ha hecho tanto tanto daño. Nos han llenado los poemas de pájaros y ninguno de ellos es azul. No voy a ser capaz de perdonarlos. Y hasta qué punto la jaula. Y hasta dónde el cielo. Tan alto en lo alto, para cuándo mis alas. Yo no soy pájaro, Alejandra. Yo tengo un pájaro en el páncreas y es un pequeño dictador.
Silba el ave su canción con idéntica melancolía antes de posarse en mi hombro, distrayéndome de mi herida y su sombra, y creo que empiezo a entender. Quédate callada, me digo, mira lo que ha venido a decirte la tarde.
Isabel Tejada Balsas
Invalidez (en El alma irreversible: Diputación de Jaén)



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Publicado por elchicoanalogo @ 20:46  | Poes?a
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