Domingo, 02 de noviembre de 2014

Un fantasma materializado que come manzanas y un invento para cambiar el clima al gusto de cada país, la pelea por un condado inglés y el idealismo puro e infantil de un joven conde que busca un lugar donde prevalezca la igualdad entre los hombres, un optimista coronel norteamericano que intenta atrapar a un ladrón mientras busca la manera de materializar a los muertos en beneficio propio y un hombre que se deja arrastrar por sus delirantes ideas, una joven muchacha que pasa de anhelar ocupar un puesto en la aristocracia a no querer más que las cosas sencillas de la vida y dos pintores que no saben más que repetir el mismo cuadro una y otra vez.

Delirante y folletinesco. Así es El pretendiente americano. Una novela de un humor surrealista con un puñado de personajes memorables y una historia donde se cruzan los fantasmas, el cambio climático y la reflexión sobre la igualdad y la democracia en el viejo y nuevo mundo. Twain usa un humor optimista y alocado para hablar de las apariencias, de la igualdad y la bondad, de los falsos artistas y videntes y crea un personaje único con el coronel Sellers, capaz de inventar extraños aparatos que nunca funcionan, materializar el espíritu de un ladrón para cobrar una recompensa y que espera recuperar un condado inglés, Sellers que siempre se rehace de los giros y golpes que le da la realidad, que en el último segundo tiene la idea genial y desquiciada que le permite seguir con sus ensoñaciones y sus planes estrafalarios, que es capaz de adecuar un mundo racional a su optimismo y caos. Y junto a él, el conde Berkeley, un joven inglés que busca en Estados Unidos su ideal de igualdad, que intenta deshacerse de privilegios, mantenerse por sí mismo y encontrar una sociedad donde ningún hombre esté por encima de otro, que se deshace de su pasado y se viste de vaquero y parece estar fuera del mundo. La hija de Sellers, rebautizada como Lady Gwendolen, que espera entrar en la alta sociedad. O el comandante Hawkins, un viejo amigo de Sellers, que le ayuda en sus planes surrealistas y cree en la materialización de los fantasmas.

Hay un momento memorable Selleres y su compinche Hawkins que acogen al que creen un fantasma materializado, su sorpresa al descubrir que realiza acciones mundanas, pinta y come manzanas y parece no darse cuenta de que es un fantasma. El pretendiente americano es humor y folletín, es el juego de las apariencias y una historia de amor, es una escena surrealista tras otra, es Twain sintiéndose libre y rebelde.





-La función primordial de un periódico inglés es la misma que la de todos los periódicos del mundo: mantener el ojo público fijado admirativamente en ciertos asuntos y diligentemente distraído de otros. Por ejemplo, ha de mantener el ojo público fijado admirativamente en las glorias de Inglaterra, un sucesivo y esplendoroso transcurrir a través de las vastas regiones del tiempo, con las suaves luces de mil años brillando en sus estandartes; y debe mantenerlo diligentemente distraído del hecho de que todas esas glorias sirvieron para el enriquecimiento y grandeza de unos pocos escogidos y privilegiados, a costa de la sangre, el sudor y la pobreza de las masas sin nombre que las trabajaron sin poder disfrutarlas. Ha de mantener el trono sagrado, y diligentemente distraído del hecho de que ningún trono fue instituido con el voto libre de la mayoría en nación alguna; por lo que, en consecuencia, ningún trono tiene derecho a existir y ningún símbolo del mismo habría de ondear en las banderas a no ser que éste fuera el de la calavera y los huesos cruzados, propio de esa industria gemela a la realeza que sólo se diferencia de ella en lo mismo en que se diferencian la venta al por mayor y la venta al detalle. Ha de tener el ojo ciudadano fijado con reverente docilidad en esa curiosa invención de la maquinaria política, la Iglesia establecida, y en la gastada contradicción de la justicia común, una nobleza hereditaria; y diligentemente distraído del hecho de que todo ciudadano será puesto en la picota si no lleva su collar de perro y robado en el gentil nombre de los impuestos tanto si lo lleva como si no, quedándose otros los honores y haciendo él todo el trabajo.

( … )

En suma, he concebido el maravilloso proyecto de reorganizar los climas de la tierra de acuerdo con los deseos de la población de cada lugar. Es decir, proporcionaré climas por encargo, con pago al contado o títulos negociables, admitiendo los climas viejos a cuenta, por supuesto (con un descuento donde sea posible la reparación a bajo coste), para alquilarlos a países pobres y apartados que no puedan permitirse un clima nuevo y que no deseen uno demasiado caro por el puro gusto de alardear. Mis estudios me han convencido de que la regularización de los climas y la creación de nuevas variedades a partir de los climas viejos almacenados es algo factible. En realidad, estoy seguro de que ya lo hicieron en tiempos prehistóricos desconocidas y olvidadas civilizaciones. Por todas partes encuentro antiguas pruebas de la manipulación artificial de los climas en tiempos remotos. Tomo el periodo glacial. ¿Se produjo por accidente? De ningún modo; se hizo por dinero. Tengo mil pruebas de ello y algún día los revelaré.
Mark Twain
El pretendiente americano (traducción de José Luis Piquero. Navona)


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Publicado por elchicoanalogo @ 6:44  | Libros...
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