Martes, 09 de diciembre de 2014

(A veces escribo pequeñas biografías de los perros de la protectora, lo hago en primera persona para que sean los propios perros quienes cuenten sus historias y hablen de cómo llegaron al refugio y cómo son.  

Decía Mister Bones en Tombuctú que la felicidad canina era más que sentirse querido, también consistía en sentirse necesario. Hay historias que se repiten, abandonos, palizas, los años atados a una correa, perros rescatados que llegan con miedo y falta de confianza, el intento de una caricia o un pequeño paseo les aterra y  necesitan tiempo y cuidados para volver a confiar en los seres humanos, o perros que son juguetones y mimosos y son ellos quienes se acercan desde el primer instante. También se repiten las emociones, el miedo y la desconfianza de unos (que se diluye con el tiempo y mucho esfuerzo), la generosidad y la entrega de otros. Y todos y cada uno de ellos que buscan esa felicidad canina que ansiaba Mister Bones)

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Homer
Viví libre durante un par de años. Parece una vida idílica, lo sé, pero estaba solo y cualquier cosa me daba miedo. Nadie me enseñó cómo era el mundo que me rodeaba y no sabía la manera de descubrirlo por mí mismo. Estaba aterrorizado la mayor parte del tiempo. Cuando llegué al refugio supe que mi historia no era diferente a otras, que mis compañeros también vivieron solos y con miedo, que no se atrevían a confiar en los extraños. Éramos supervivientes y nos costaba sentirnos seguros. En el refugio soy curioso y husmeo raíces y rincones apartados como buen setter que soy, me llevo bien con los otros perros, no me gustan los enfrentamientos y estoy aprendiendo cosas nuevas, qué es una caricia o cómo pasear atado. Todavía conservo algo de miedo a las personas (estuve mucho tiempo solo) pero, aún así, quiero saber cómo es esa otra vida que hasta ahora me ha sido vedada, una vida de compañía, aprendizaje, caricias y juegos.  
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Jules
Dicen que soy un mil leches, tantas razas mezcladas que no saben cuál predomina sobre las demás. Me llevaron de cachorro a una casa extraña, viví un año sin que nadie me hiciese caso y yo me sentía solo y desubicado. Quería aprender (a saltar troncos caídos, a sentarme, a saber volver a casa) pero nadie quiso enseñarme hasta que llegué al refugio. Era invisible.
Soy un perro amigable y con inquietudes, me gusta husmear por ahí, correr, abrazar a quien se acerca a mí y aprender, sobre todo eso, me gusta aprender cosas nuevas porque me siento útil y visible.
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Río
Recuerdo cuando me recogieron en la calle. Estaba perdido en una carretera y tuvieron que parar el tráfico para rescatarme. Me atemorizaba el ruido y la velocidad de los coches, las manos que querían salvarme. Los primeros días en este refugio fueron difíciles, luego encontré amigos con los que jugar y husmear y compartir nuestros recuerdos más dolorosos. Los humanos me daban miedo y cuando se acercaban a pasearme o asearme o sólo querían acariciarme me encogía y me echaba al suelo. Pero insistieron y me susurraban palabras cariñosas y me acariciaban con mucho cuidado aunque estuviese asustado y tendido en el suelo y, poco a poco, muy poco a poco, comprendí que no querían hacerme daño. Ahora soy un setter animoso, me gustan los paseos largos y busco las caricias y los premios (¡me encantan los premios!), ya no me tiro al suelo y apenas tengo miedo, juego con perros y humanos y disfruto de cada cariño recibido. Me siento otro perro y quiero más, más juegos, más caricias, un hogar.
http://www.sosbilbao.org/adopta-perro/rio/


Pinta
Cuando miro por la ventana veo los bosques y los montes de los alrededores e imagino que corro hasta la línea del horizonte (a veces me pregunto qué habrá detrás de esa línea, si un valle, un mar o una llanura de tierra rojiza). Soy rápida, soy muy rápida, ¡y también ágil!, cuando corro me siento libre y fuerte y desaparecen los recuerdos de la perrera donde me encerraron antes de venir al norte, la opresión y la soledad que sentí en aquel cuchitril pequeño y sucio, cuando corro nada puede hacerme daño. Ahora paso los días con mis compañeros, jugamos y buscamos piñas entre las raíces húmedas de los árboles, salgo pasear por el camino de tierra y hojas secas mojadas que hay junto al refugio y me pregunto por todos esos mundos posibles que habrá tras el horizonte y si encontraré mi lugar en uno de ellos.
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Publicado por elchicoanalogo @ 6:57  | diapositivas
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