Mi?rcoles, 14 de enero de 2015

La lectura compulsiva de un libro y la revelación de otra vida, deambular por calles mil veces transitadas y sentir que todo lo que conocíamos se distancia de nosotros, buscar las palabras fuera del libro e iniciar un viaje improvisado, estaciones de paso, autobuses ruinosos, paisajes desérticos,  la noche tras la ventanilla y la pequeña pantalla de un monitor con escenas irreales, los accidentes y la presencia de la muerte como forma de atrapar el mundo del libro y al ángel que da un sentido final del viaje, los cambios de identidad y una pistola escondida entre la ropa, el amor encontrado e inalcanzable y el apaciguamiento, la vida gris y el azar que se trueca en destino.

La vida nueva es un libro extraño, la atracción por un libro que cambia la vida de un muchacho, sus viajes en autobús en busca de la verdad entrevista en ese libro y de un ángel que es quimera y destino, la mezcla de sueño, realidad y fantasía, la muerte como presencia y revelación de una verdad íntima, un viaje iniciático e irreal donde parece que el espacio y el tiempo se diluyen, donde los protagonistas se ven atados por una especie de fiebre que les hace alejarse de su mundo conocido, de todo aquello que los definía meses atrás, e intentan alcanzar las palabras fuera de las páginas del libro, una búsqueda siempre incompleta, siempre en la frontera de la revelación. Pamuk crea un paisaje de ensueño e irrealidad, una historia que parece puro azar pero tras la que hay un verdad laberíntica, una aproximación a una  verdad última.

El viaje de Osman en autobús como un sueño alargado, los paisajes nocturnos, las escenas de las películas de los autobuses que se confunden con los propios recuerdos, los accidentes en los que se esconde una verdad difusa, la improvisación inicial de un viaje y encontrar un amor puro e irracional, el sueño del viaje que se troca pesadilla, que convierte a Osman en un muchacho delirante que rastrea las huellas de los otros lectores del libro, que ve cómo el supuesto azar de su viaje es en realidad un destino marcado por otros. Osman viaja en busca de esa vida nueva vislumbrada entre las páginas del libro, y es en el viaje, en el movimiento, donde se acerca a lo soñado, donde descubre su propio país, los paisajes alejados, las conversaciones intrascendentes, el cuestionamiento de la realidad y donde, también, ve cómo se derrumba un amor y una vida cercana a la locura.

En La vida nueva Pamuk habla de un viaje iniciático y una realidad alterada, de la frontera borrosa entre cordura y locura, del pasado que se diluye y de la occidentalización de las costumbres en Turquía, de los mundos que existen dentro de éste y cómo un libro (como podría haber sido una imagen captada al azar o un sueño) ejerce de disparadero y de cambio radical en la vida de un muchacho gris. Pamuk escribe La vida nueva como una aventura y un sueño, me recuerda a aquellas historias de aventuras y fronteras, el movimiento como acercamiento a una verdad semi oculta, a un momento de revelación crucial, la realidad y el sueño que van de la mano.  





Lo importante es esto: hay quienes han leído el libro y creen en él. Me los encuentro paseando por las ciudades, por las estaciones de autobuses, por las tiendas, por las calles, sé quiénes son por sus miradas, los conozco. La cara de los que han leído el libro y creen en él es distinta, en sus miradas la tristeza y el deseo se asemejan, lo comprenderás algún día; quizá ya lo hayas comprendido. Si conoces el secreto, si te pones en marcha hacia él, la vida es bella.

( ... )

—Cuando conocí a Canan ya había dejado de hablarles del libro a otros y de difundir su mensaje. Quería tener una vida como la de todos los demás. Pero además tendría el libro. Y el beneficio añadido de seguir poseyendo todo lo que había vivido para llegar al mundo cuyas puertas me había abierto el libro. Pero Canan avivó el fuego. Me dijo que me abriría a la vida. Creía que mucho más allá, más allá de mí, había un jardín que yo conocía pero del que no quería hablarle, un jardín cuya existencia le ocultaba. Me pidió las llaves del jardín con tanta convicción que me vi obligado a hablarle del libro y luego a prestárselo. Se lo leyó, se lo volvió a leer una y otra vez. Me engañó su apego al libro, la violencia de su deseo por el mundo que allí veía. Así, durante una época, olvidé el silencio del libro, la…, cómo la llamaría, la música interior de lo que allí estaba escrito. Me dejé llevar estúpidamente por la esperanza de poder escuchar aquella música en las calles, en lugares lejanos, fuera donde fuese, como en la época en la que leí el libro por primera vez. Fue idea de ella el darle el libro a otros. Me dio miedo que lo leyeras y creyeras en él de inmediato. Estaba olvidando lo que significaba el libro, menos mal que me dispararon.
Por supuesto, le pregunté lo que significaba el libro.
—Un buen libro es algo que nos hace recordar el mundo entero —me contestó—. Quizá todos los libros sean así, o deberían serlo —guardó silencio por un momento—. El libro es parte de algo que no está en él mismo pero cuya presencia y continuidad siento a través de lo que cuenta —comprendí que no estaba satisfecho con su explicación—. Quizá sea algo extraído del silencio o del estruendo del mundo, pero que no es el silencio o el estruendo en sí mismos —intentó explicarse una última vez para que no pensara yo luego que no decía más que tonterías—. Un buen libro es una parte de la escritura que habla de cosas que no existen, de una especie de ausencia, de una especie de muerte... Pero es inútil buscar fuera del libro y de la escritura ese país que está más allá de las palabras —se había dado cuenta de aquello escribiendo una y otra vez el libro y me dijo que lo había comprendido, que lo había comprendido de una vez por todas. Era inútil buscar una vida y un mundo nuevos más allá de la escritura. Se había merecido el que lo castigaran por hacerlo—. Pero el asesino resultó ser un inútil y sólo pudo herirme en el hombro.
Orhan Pamuk
La vida nueva (traducción de Rafael Carpintero. Alfaguara)


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Publicado por elchicoanalogo @ 6:01  | Libros...
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