Jueves, 19 de febrero de 2015

Un triángulo amoroso, un par de escenarios y una estafa a una entidad bancaria le bastan a James M. Cain para montar una novela rápida y tensa. El estafador tiene las características de la novela negra clásica, un narrador que describe una investigación de manera directa y sin ambages, una mujer que podría ser un ángel o demonio, un atraco que ejerce de clímax, la violencia seca y la moral subterránea que habla de engaños y codicia. Hay momentos donde El estafador lleva al viejo cine negro, conversaciones directas y un ritmo rápido, primeros planos para subrayar una palabra o un gesto, claridad expositiva y tensión creciente.

Dave Bennett supervisa una pequeña sucursal bancaria. Descubre una estafa de miles de dólares a cargo de Brent, uno de sus empleados, y recibe la visita de Sheila, su mujer, para que le eche una mano y tape el robo de su marido. Cain sólo necesita unas páginas para delimitar la acción y presentar a los personajes, la voz directa y sin efusiones de Benett, que duda entre su lealtad al banco y la atracción que siente por la mujer de Brent, que se plantea qué es real en el matrimonio y nunca está seguro de lo que realmente busca Sheila, si hundirle para salvaguardar su vida familiar o sacrificarse por él.

La escritura de Cain es seca y austera, frases rápidas que describen la situación y los pensamientos del narrador, que ubican al lector tanto en la mente del protagonista como en el espacio físico. Los personajes están enclaustrados en un par de escenarios, la entidad bancaria, la casa de Bennett, apenas hay escenas exteriores, algo que permita a los personajes tomar aire y distancia. Las habitaciones cerradas del banco y la casa acrecientan la tensión, la imposibilidad de escapar de un destino último. Cain juega con la subjetividad del narrador, sus dudas sobre Sheila y lo que realmente está ocurriendo en el banco, hay momentos donde no hay nada claro y todo parece un plan del matrimonio para hacerle caer.

Cain habla de personajes corruptos, triángulos amorosos, tensión y dudas. El estafador es una lectura amena y rápida, no llega al nivel de El cartero siempre llama dos veces o Double Indemnity, pero tiene tensión y huye de lo superfluo.





Temblaba al llegar a casa, y temblaba cuando subí a mi habitación y me acosté. Estaba metido en un lío gordo y sabía que estaba obligado a hacer algo. Pero sólo pensaba en la forma en que ella me había alborotado el pelo, o en la forma en que yo creía que lo había hecho; cómo me había dejado engañar y lo imbécil que era. Me sonrojaba al recordar los paseos en coche y toda la caballerosidad a que había recurrido para no cortejarla. Luego pensé cómo se habría reído de mí, y hundí la cabeza en la almohada. Al cabo de un rato reflexioné sobre lo que debía hacer esa noche. Estaba citado con ella para acompañarla al hospital, al igual que durante la semana anterior, y me pregunté qué me convendría hacer. Mi deseo era dejarla plantada y no volver a verla; pero no podía hacerlo. Después de lo que me había dicho en el banco cuando notó que la estaba mirando, si yo no acudía a la cita podría adivinar que estaba enterado de algo. Hiciese lo que hiciese, necesitaba disponer de toda libertad para sacar deducciones.
James M. Cain
El estafador (traducción de Manuel Barberá. Ediciones Bruguera)


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Publicado por elchicoanalogo @ 10:40  | Libros...
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